El tigre celta despierta del sueño
El tigre celta despierta del sueño
Irlanda entra en recesión y ve caer en picado los beneficios de las multinacionales que apuntalaron su desarrollo
- Autor:
- Juan Oliver | Corresponsal
- Fecha de publicación
El tigre celta, protagonista de uno de los milagros económicos más sorprendentes de la historia de Europa, envidia y ejemplo de las regiones más desfavorecidas de la UE, ha despertado del sueño. El Gobierno de Dublín confirmó ayer que el producto interior bruto (PIB) de Irlanda cayó por debajo de cero entre abril y julio de este año, el segundo trimestre consecutivo de crecimiento negativo, lo que significa que el país se encuentra técnicamente en recesión.
El desplome -un -0,3% en el primer cuarto del año y un -0,8% en el segundo- se explica por el brusco pinchazo de la burbuja inmobiliaria y por la exposición del sistema bancario a las finanzas basura de Estados Unidos. Pero también por el frenazo en el consumo interno y en la inversión de capital. Las grandes multinacionales que llegaron hace años a Irlanda llamando a las puertas de la UE, están siendo las primeras afectadas por la crisis. Y si se las tiene en cuenta -el PIB no lo hace-, el descalabro de la economía irlandesa en el segundo trimestre es mayúsculo: cayó no un 0,8%, sino un 2,1% con respecto al 2007.
El socio más pobre
En 1973, cuando se incorporó a la Comunidad Económica Europea, Irlanda era el socio más pobre, con una renta por habitante que apenas alcanzaba el 40% de la media, y un frágil sistema productivo basado en el sector primario que obligó a emigrar a miles de trabajadores, expulsados del mercado laboral por un desempleo abrumador.
Menos de 35 años después, la economía irlandesa parecía la más moderna, dinámica y robusta de la Unión, con una renta por habitante que supera hoy la media en 42 puntos porcentuales, y que alcanzó en el 2007 los 30.000 euros por persona. Solo por debajo de Luxemburgo.
Los economistas llevan años debatiendo cómo lograron los irlandeses dejar atrás una situación similar a la que padecen hoy los rumanos, los búlgaros o los polacos, para alcanzar en un cuarto de siglo un nivel de vida superior al de los suizos, los daneses o los suecos.
Para muchos, la clave fue el consenso político en la apuesta por una educación de altísima calidad, en la inversión en I+D e innovación empresarial, y en el compromiso con lo que hoy conocemos como sociedad del conocimiento, un término que hace 35 años, probablemente, ni siquiera se había inventado.
Claro que la suerte jugó a su favor: los irlandeses viven en una pequeña isla, y eso tiene inconvenientes, pero también ventajas, como no tener que gastarse una riada de fondos estructurales europeos en vertebrar el país con proyectos colosales de trenes y autopistas. Además, para la mayoría, el idioma materno es la lengua universal de los negocios, y a eso se une el apoyo que siempre les ha ofrecido Estados Unidos, donde la diáspora irlandesa es la más influyente, poderosa y enriquecida.
En los albores de la globalización, Irlanda estaba en el lugar y en el momento perfectos, y decenas de multinacionales de la informática y la industria química la escogieron para sus centrales europeas: Intel, Oracle, Canon, Microsoft, Pfizer, Merck, IBM... Durante los noventa, el país creció a un ritmo del 9% anual, dejó el paro por debajo del 4% y se convirtió en el espejo en el que se miraron decenas de regiones. Como Galicia.
Competitividad
Casi sin darse cuenta, los irlandeses se han despertado de ese sueño para descubrir que son el primer país de la eurozona que entra en recesión. Y la verdad es que su situación aún es envidiable, porque las cifras que ayer hizo públicas el Gobierno de Dublín hacen pensar en el resto. Si Irlanda ya está en números rojos, ¿qué pasará con Italia, España o Portugal, con economías mucho más débiles y donde la competitividad, según el BCE, es la más baja de la zona euro?



